Últimas opiniones
16/02/2010 | Ana Alvarado

Niños toreros

A lo largo de toda la historia ha habido lo que se denominaba “niños prodigio”, chavales que precozmente manifestaban un talento excepcional para algún arte o actividad. No hace falta que recordemos, por poner un ejemplo conocido por todos, al músico y compositor austriaco Wolfang  Amadeus Mozart, quien a muy temprana edad no sólo interpretaba maravillosamente, sino que componía piezas musicales.

30/01/2010 | José Ramón Muelas

II PARTE. Conjeturas taurómacas terminando el 2009

II. TIEMPOS DE CRÍSIS.

15/01/2010 | Ana Alvarado

Sanfermines en diciembre

La televisión nos proporciona noticias sobre el mundo de los toros bajo premisas muy concretas: herida por asta de toro de algún matador, cuanto más grave sea la cogida, más morbo y más minutos de exposición mediática; hazaña de José Tomás, sobre todo si es en Barcelona; polémica por algún motivo taurino con cuestiones tangenciales, como la medalla al Mérito Artístico de Rivera o la reciente votación

28/11/2009 | José Ramón Muelas

Conjeturas taurómacas acabando el 2009

Termina la campaña 2009 como se predecía a principios de año. Desde los baluartes de Ciudad Rodrigo hasta los arenales de Tordesillas pasando por el asfalto de Benavente y el barroco lasecano, una multitud de aficionados ha colmatado las talanqueras buscando y hallando las satisfacciones que procura pisarlas y pagando –especialmente caro- el inevitable precio.

Opinión

19/12/2009 | Javier G. Celay

Brazos cruzados: El fin de los toros

Tal vez nos estemos enfrentando a los momentos más delicados de los últimos tiempos, la indeseada mezcla de política y toros se ha convertido en la única excusa de Cataluña para que todo parezca indicar que quedan segundos para el final de la fiesta taurina en la comunidad catalana. Pero si ya resulta indeseable la politización de los toros más indeseable resulta la huelga de brazos caídos de todos los aficionados. Y no me refiero al aficionado llano que ya está harto de gritar buscando defensores, sino a aquellos que se creen abanderados de la fiesta de los toros. Ninguno de ellos, toreros, ganaderos, empresarios, cortadores, críticos taurinos, periodistas, corredores, asociaciones, etc… siguen prefiriendo callar, tirar cada uno por su beneficioso camino sin contar los unos con los otros por un objetivo común.

Sin duda, resulta más enriquecedor lanzar piedras de unos a otros, bien retrató Goya la esencia española en sus pinturas negras. El egoísmo y el interés personal de cada componente del mundo taurino nos alejan de una lucha unida por aquello que queremos. Pero seamos francos, mientras en mi parcela yo sea el rey para qué luchar por algo común que, tal vez no me aporte beneficios personales.
La realidad es que ni las administraciones ni los abanderados de la fiesta protegen al aficionado que con muchos o pocos ahorros acuden a las plazas, encierros y capeas; de manera que no se dejen engañar, las palabras se las lleva el aire, las acciones ganan batallas. Mientras no aparezca un grupo altruista de aficionados convencidos y luchadores nada habrá que hacer contra los complejos de una clase política superficial que utiliza grupos de presión para conseguir sus fines político-territoriales.
Hoy se plantea el fin de los toros en Cataluña, pero no esperen que mañana no se plantee el final en toda España. Crúcense de brazos y sigan escuchando largos coloquios en los que siempre los mismos políticos y abanderados hacen ver que la fiesta goza de salud. Dejen ya las envidias y objetivos personales y luchen por el único objetivo, la pervivencia de la fiesta.
Por mucho que moleste a aquellos que ya tienen su feudo taurino montado, los toros no van bien, la actual crisis ha actuado como una bajada de defensas que ha permitido el ataque de los virus en una zona localizada, pero ¿cuánto tardará en extenderse? La inactividad y los brazos cruzados o el pensamiento de que no se puede terminar con una tradición resulta una manera acuosa de lucha e ineficaz.
Continúen escuchando discursos pseudo-tranquilizadores mientras otros mueven los hilos para que chiqueros y plazas se conviertan en el triste recuerdo de la ausencia de lucha, de los brazos caídos, de los oídos cerrados y de los intereses personales de los taurinos más renombrados.