Niños toreros
A lo largo de toda la historia ha habido lo que se denominaba “niños prodigio”, chavales que precozmente manifestaban un talento excepcional para algún arte o actividad. No hace falta que recordemos, por poner un ejemplo conocido por todos, al músico y compositor austriaco Wolfang Amadeus Mozart, quien a muy temprana edad no sólo interpretaba maravillosamente, sino que componía piezas musicales.
II PARTE. Conjeturas taurómacas terminando el 2009
II. TIEMPOS DE CRÍSIS.
Brazos cruzados: El fin de los toros
Tal vez nos estemos enfrentando a los momentos más delicados de los últimos tiempos, la indeseada mezcla de política y toros se ha convertido en la única excusa de Cataluña para que todo parezca indicar que quedan segundos para el final de la fiesta taurina en la comunidad catalana. Pero si ya resulta indeseable la politización de los toros más indeseable resulta la huelga de brazos caídos de todos los aficionados.
Conjeturas taurómacas acabando el 2009
Termina la campaña 2009 como se predecía a principios de año. Desde los baluartes de Ciudad Rodrigo hasta los arenales de Tordesillas pasando por el asfalto de Benavente y el barroco lasecano, una multitud de aficionados ha colmatado las talanqueras buscando y hallando las satisfacciones que procura pisarlas y pagando –especialmente caro- el inevitable precio.
Opinión
Sanfermines en diciembre
La televisión nos proporciona noticias sobre el mundo de los toros bajo premisas muy concretas: herida por asta de toro de algún matador, cuanto más grave sea la cogida, más morbo y más minutos de exposición mediática; hazaña de José Tomás, sobre todo si es en Barcelona; polémica por algún motivo taurino con cuestiones tangenciales, como la medalla al Mérito Artístico de Rivera o la reciente votación en el Parlamento Catalán; escándalo o cotilleo en espacios del mundo del corazón, y por último, excentricidad yankee, como es la filmación de una película norteamericana recientemente en nuestro país, protagonizada por Tom Cruise y Cameron Díaz y titulada “Knight and Day”, juego de palabras Inglés que en Castellano sería “Caballero y Día”. No ha habido noticiario ni programa de la prensa rosa que no se haya hecho eco de la grabación de esta película en las ciudades de Sevilla y Cádiz, que han visto cómo sus calles y su plaza de toros (¡Dios mío, la Maestranza!) han sido protagonistas del desatino de ver a corredores pamplonicas vestidos a la manera de Sanfermín evolucionando por las calles del la Tacita de Plata, y entre ellos a la pareja protagonista montados en una moto, sí señor, en pleno simulacro de encierro. Se me escapa, porque no entiendo la mentalidad americana, la elección de estas dos ciudades como escenario de una película ambientada en los Sanfermines, que no necesitan de aditivos para enganchar al público extranjero. Sólo lo explicaría, a mi entender, el buen tiempo del que goza Andalucía, por lo demás, me parece un auténtico pastiche, ¿verdad, Javier? Sólo a la infantil mente de los productores y creadores de Hollywood se le puede ocurrir trasladar una de las fiestas más internacionalmente conocidas al sur de España.
Y por cierto, hablando de películas, hay que ver lo mal tratado que ha sido siempre el mundo de los toros en la cinematografía. En un país, el nuestro, en que este tema tenía que ser una auténtica especialidad, podemos salvar a muy pocas películas que traten de esta temática. Entre ellas, yo resaltaría, por orden de antigüedad, Joselito, o La Muerte de un Matador (también conocida como Trágica Muerte de Joselito) de 1920, que nos cuenta algunos episodios de la vida, y sobre todo, la muerte en Talavera de la Reina de José Gómez. Si dejamos de lado, por anecdóticas, Aprendiendo a morir, con El Cordobés como protagonista, o Nuevo en esta plaza, con Palomo Linares en pantalla, encontramos dos versiones muy diferentes de un clásico de Vicente Blasco Ibáñez, Sangre y Arena. La primera, muy superior a la segunda, fue dirigida por el propio escritor en 1916, mientras que la segunda versión, un bodrio dirigido por Javier Elorrieta en 1989, tomaba como protagonistas a un tal Christopher Rydell en el papel de torero y a la mismísima Sharon Stone como hija de ganaderos… Eso sí, el especialista que doblaba al americano era El Boni, y las imágenes de Sevilla y Jerez de la Frontera eran magníficas. Los Clarines del Miedo, ofrecía una estupenda interpretación de Francisco Rabal (que luego lo bordaría en Juncal), y encontramos actuaciones de toreros interpretándose a sí mismos en películas como El Momento de la Verdad, con Miguel Mateo “Miguelín”, o Currito de la Cruz, con Antonio García “Maravilla”. Manuel Cano “El Pireo” protagonizó otra versión de este clásico, mientras que la de 1954 contó con la presencia de Pepín Martín Vázquez , quien participó también en El Torero, dirigida por René Wheeler y rodada en plazas como Carabanchel, Alicante, Morata de Tajuña y la finca Gandarias de Toledo. El torero-actor Mario Cabré rodó Tercio de Quites en 1951 y la producción inglesa Pandora o el Holandés Errante, con la muy aficionada y espectacular Ava Gardner, en la que se ve a Cabré toreando en Tarragona (detalle ya irrepetible para el recuerdo…). El mexicano Carlos Arruza protagonizó en 1943 Mi Reino por un Torero, y también en el país azteca se rodó Pasión Gitana, con Cagancho y la genial Carmen Amaya. También de México es una de las producciones que mejor recrean el arte taurino, Torero, del director Carlos Velo, con la participación de Luis Procuna, Robles Gil, Manuel Rodríguez “Manolete”, Alfonso Ramírez “Calesero” y Carlos Arruza.. Con el tema del mundo de los rejones Ángel Peralta protagonizó junto a Marisol una descafeinada Cabriola. No puedo dejar de mencionar la divertidísima y muy oportuna La Vaquilla, de Luis García Berlanga, y en un plano más actual y que se escapan a cualquier análisis ortodoxo, Matador, de Almodóvar, o Hable con Ella, con Rosario Flores en el papel de torera, y Justino, un asesino de la Tercera Edad, que relata los asesinatos que comete Saturnino García gracias a la habilidad obtenida tras muchos años como puntillero. Uno de los últimos intentos de dignificar el cine taurino lo hizo el buen aficionado Juan Sebastián Bollain en 1995 con la realización de Belmonte.
Pero por encima de todas ellas en mi recuerdo hay dos favoritas: Mi Tío Jacinto, de Ladislao Vajda, tierna y dramática historia de un torero muy venido a menos, acompañado continuamente por su “sobrino” Pablito Calvo ( Vajda hizo también una joya como Tarde de Toros, en 1956, con Domingo Ortega, Antonio Bienvenida y Enrique Vera y maravillosas escenas en Las Ventas), y la magnífica serie de televisión Juncal, que hace casi 20 años protagonizara el gran Paco Rabal dando vida al entrañable vividor padre de otro torero en la serie y que encarnó Luis Miguel Calvo. Aquí sí que vemos fielmente reflejado el mundo de los toros, sus grandezas y sus miserias.
¿Saben los lectores algo del estreno de Manolete, que hace ya años se rodó con gran propaganda en los medios, pero que sigue sin ver la luz? Me temo que para ver a Adrien Brody como el maestro de Córdoba (clavado físicamente) y Penélope Cruz encarnando a Lupe Sino, falte algún tiempo, y nadie sabe por qué. Por cierto, el asesor de Brody en las escenas taurinas fue Cayetano, cuando apenas estaba comenzando.
Qué pena que, con las facilidades que hay ahora, un buen director aficionado (podría ser perfectamente Agustín Díaz Yanes) no realice la gran película de toros que a todos nos gustaría. Hay un personaje que los está reclamando a gritos: Ignacio Sánchez Mejías. Mientras tanto, habrá que conformarse, el que lo haga, con ver a los americanos correr los sanfermines en Cádiz.
