Últimas opiniones
11/05/2010 | Ana Alvarado

Gracias, Maestro Esplá

Tras 34 años desde su alternativa y unos pocos como novillero, Luis Francisco Esplá se despidió de los ruedos la temporada 2009 y en este año apenas tiene tiempo, con una agenda apretadísima, para recoger la cantidad de trofeos y acudir al montón de homenajes de los que está siendo objeto.

01/05/2010 | Javier G. Celay

La otra mirada de la Liga del Corte Puro

Como cada año, en torno al día del trabajo arranca la Liga del Corte Puro; este año como el pasado Ávila se ha convertido en el primer destino de este torneo.

25/03/2010 | José Ramón Muelas

Algo falla en Barcelona

Algo falla cuando el filósofo Monteserín, afirma muy serio en l parlamento catalán : “los toros son como vacas normales”. La lógica o tratado de la no contradicción queda reducida a escombros al ignorar los fundamentos de la materia tratada. Solución : Cuando llegue abril, métase el filósofo en cualquier cercado donde estén rematando los cuatreños y trate de espantarlos.

16/02/2010 | Ana Alvarado

Niños toreros

A lo largo de toda la historia ha habido lo que se denominaba “niños prodigio”, chavales que precozmente manifestaban un talento excepcional para algún arte o actividad. No hace falta que recordemos, por poner un ejemplo conocido por todos, al músico y compositor austriaco Wolfang  Amadeus Mozart, quien a muy temprana edad no sólo interpretaba maravillosamente, sino que componía piezas musicales.

Opinión

22/09/2009 | Ana Alvarado

Welcome to Las Vegas!!

Las Vegas, Nevada, paraíso del juego, de los shows, de las bodas rápidas con gente vestida de la forma más impensable, y ahora, de las denominadas “corridas incruentas”, aunque, al parecer, llevamos camino de arreglar tamaño desaguisado. Por si alguien no estaba al tanto, que no lo creo, en primavera un tal Pedro Haces que gestiona una empresa llamada Don Bull Productions (el nombrecito se las trae, bull en Inglés es toro), anunció a bombo y platillo una estupenda ocurrencia: le celebración en dicha ciudad de una serie de corridas o espectáculos en los que al toro se le pondrían las banderillas fijándolas en una especie de velcro que llevaría en su piel, y que, desde luego, no seria muerto por el espada. Al principio se unieron nombres de toreros de menor talla, y lo que empezó siendo una mini-feria para septiembre, se convirtió de golpe y porrazo en una señora feria que continuaría en diciembre y a la que se sumaron, ni más ni menos, primeras figuras como Morante, El Juli, Ponce y un largo etcétera… ¿Qué les habría prometido Don Toro a estos toreros para que se prestaran a tamaña barbaridad? La cuestión es que fue pasando el tiempo y nadie decía nada. Creo que a los primeros que les oí protestar públicamente por la tropelía fue a los miembros del Club Taurino de Londres en una visita que les hice en el mes de junio, cuando me preguntaban por qué en España   los críticos a nivel nacional no habían dicho nada al respecto. Es más, proponían una circular que se hiciera llegar a los toreros en la que se les indicara el dolor que les suponía que participasen en ese espectáculo y se les invitara a declinar gentilmente la invitación. Hay que ver, los ingleses dos cabezas por delante de nosotros para proteger la integridad de nuestra Fiesta. Esto es algo sobre lo que hablaré otro día. El tiempo pasaba y se fueron conociendo detalles, que Don Toro iba desvelando poco a poco. ¡Qué ladino! Que si participarían bellas señoritas ataviadas con trajes típicos de nuestro país (los estoy viendo, en versión super escotada, super ajustada y super corta), que si se escucharían los himnos nacionales…
Aparte de estos temas puramente estéticos de indudable gusto yankee, nos encontramos también ante lo que podría ser dar argumentos al enemigo. ¿Qué antitaurino no aprovecharía para decir que, puesto que se había probado a hacer así las cosas y había resultado bien, no se podría hacer lo mismo en España y en los países en los que hay corridas? La cuestión es que llegó el día, y lo que pasó es que al primer show taurino acudió poca gente (no importaba, tampoco tuvieron gran éxito en sus comienzos los casinos, y mira qué negocio…) y por otra parte los toreros notaron, cómo no lo habían pensado antes, que al no picar a los toros, la faena se desvirtuaba, y el toro, evidentemente, estaba entero cuando llegaba a la muleta. Y repentinamente empieza a reinar el sentido común y varios toreros se bajan del tren, o mejor, del avión, y dicen que no van, y Don Bull se replantea  lo de la temporada in the United Status. Sea por lo que haya sido, aplaudo estas decisiones y animo desde esta página al resto a que no vaya a Las Vegas, a no ser que quieran jugarse los cuartos en el Caesar´s Palace o casarse vestidos de Elvis Presley. Good bye.